Travis: 20 años de carrera no han sido en vano

 

05 de Noviembre, La Reina, Región Metropolitana. Feria Internacional de Innovación Social, FIIS 2016.

Ayer vi a Travis. Por un momento se me pasó por la mente hacer una especie de crítica musical, pero me dije pa’ qué poh, y mejor decidí contar todo desde mi experiencia personal, mejor le dejo el trabajo de crítico musical a otros. O quién sabe, hasta termine mezclando ambas.

Como decía, ayer vi a Travis. Nunca ha estado dentro de mis bandas favoritas, pero mi caso con ellos es que siempre le he tenido un cariño muy especial; es de ese tipo de bandas que uno les tiene cariño porque nos traen a la memoria una época específica de nuestras vidas a pesar de nunca haberlas escuchado mucho, o comparado con otras (la música suele tener eso en todo caso), y el valor de la entrada que puso a disposición la FIIS fue TAN accesible, que cómo resistirse a la tentación. Así que viajé desde Conce y ahí estuve, desde temprano en primera fila, porque me puse ese propósito. Como no soy alto ni tampoco tengo el arte de meterme entre la gente hasta llegar adelante, no me quedó otra.

Y bueno, después de horas aguantando el calor (“ya, si no fue para tanto”, diría uno que otro santiaguino por ahí), aguantando el dolor de pies, y aguantando a la organización que media hora antes del inicio del show empezó a pedirle al público que estaba en la parte central abajo del escenario que por favor se corriesen más atrás, a pedido de la propia banda –según el animador-, los escoseses pisaban el escenario a las 21.40 aproximadamente. Neil Primrose se ubicaba en la batería mientras que Dougie Payne, Fran Healy y Andy Dunlop tomaban posición en cada uno de los tres micrófonos ubicados de forma lineal y paralelamente uno del otro sobre el escenario –como suelen hacerlo comúnmente- y sonaban los primeros acordes de “Sing”. Healy con su guitarra acústica, Dunlop acompañando con el característico sonido del banyo y Payne sonriendo y coqueteando con el público, como lo haría toda la noche. La gente enloquecía con uno de los clásicos (sino el clásico de clásicos de Travis), y Francis en uno de los instrumentales se acercaba al público por primera vez y aparecían las primera luces de que esta iba a ser una gran noche. Terminaba “Sing” y volaron a 2007 (la primera vez que visitaron Chile) con “Selfish Jean” de su disco “The Boy With No Name”,  seguida de “ Writing to reach you” y “Driftwood” de “The Man Who”, uno de sus álbumes más exitosos junto con “The Invisible Band”. Luego de esto llegó el momento de aterrizar en el 2016 y darle la primera pincelada al recién salido del horno “Everything at Once”, con Healy presentando “Animals” y dándole el crédito a Payne, escritor de esta canción. La noche seguía y Francis introducía “Re-Offender”, contándole al público sobre los hechos de violencia que vivió su madre de mano de su padre cuando él era pequeño; cause you say you love me, and then you do it again. You say your sorry’s, and then you do it again, canta Healy en el estribillo de la canción. Tras “Re-Offender” llegó el turno de volver a “The Invisible Band” con “Side”, otro de sus himnos, para luego regresar a esta década, con Healy bajando al público, pidiéndole a alguien que lo llevara en sus hombros para así dar paso a “Where You Stand” del disco del mismo nombre de 2013, y así vivir uno de los momentos más especiales de la noche, la que siguió con “Moving” del mismo disco y “Paralized” de su último trabajo. Antes del encore, llegaría el momento de alucinar con “Closer” y “Turn”. La primera, un ya clásico coreado de la banda y el segundo un track que no ha tenido el reconocimiento suficiente en el inconsciente musical de la gente, pero qué va, si el mismo Healy diría al público “nosotros no hacemos canciones para sonar en la radio, sino que para la gente”. Los chicos se desligan de sus instrumentos, las luces se atenúan y el momento del merecido descanso llega, descanso que irónicamente nos dejaría a nosotros con más algarabía que nunca. Después de aplausos y gritos al unísono pidiendo a la banda de vuelta y de esa forma no enfriar el ambiente, hicieron su reentrada; Francis con chupalla en mano, preguntándole al público si estaba bien y como buscando la forma de ponérsela de forma correcta, haciéndose de su guitarra para interpretar de forma acústica “Flowers in the window”, momento en que sus amigos de banda lo acompañan a su lado. A esta altura, una interpretación clásica, donde en una de las estrofas, Healy libera sus manos de la guitarra y les deja la tarea a Payne y Dunlop, que se encargan del rasgueo y la secuencia de acordes respectivamente, al tanto que Primrose continúa acompañando con el pandero. Una imagen que nos deja la sensación de estar viendo no sólo a una banda, sino que a una familia, contagiándonos de buena onda y demostrando que 20 años de carrera no han sido en vano. Ya volviendo a sus posiciones normales, Francis le volvía a hablar al público: “There’s a dance in the next song…for the next three minutes you have permission for to be three years old”, para dar paso a “Magnificent Time”, otra de las canciones del último trabajo de la banda, canción que representa todas las good vibes que le transmiten a la gente en cada uno de sus conciertos y discos. El pulento Francis se daría hasta el trabajo de enseñarnos la coreografía característica que sale en el video del track, entregando un momento en el que recuperamos toda esa alegría y desvergüenza propia de un niño. El término de la 1 hora y 20 minutos de buena onda, llegaría con “Why does it always rain on me?”, ¿cuál otra no?, dejando a los más fanáticos con un ligero gusto a poco, pero tampoco insatisfechos.

No sé como habrán sido los dos conciertos anteriores de la banda (la última siendo -extrañamente- teloneros de Lana del Rey en su show de 2013), pero este quedará en mi retina (y estoy seguro que en la de muchos) como uno de los más especiales que pude haber vivido. Todas las incomodidades que pude haber pasado antes y durante el concierto (calor, dolor de pies, ser punteado, ha!) terminaron significando nada para todo lo disfrutado con Travis. No agarré ninguna de las uñetas que lanzaron, no sorteé ninguno de los setlists que repartió la organización, pero Fran Healy me dio la mano; así que no puedo pedir mucho para los pocos grandes conciertos que llevo, ¿no?

Preliminar

Siempre lo he admitido: no soy bueno para tener blogs. Si tuviera que describirme en lo que aspectos emocionales se refiere, diría que soy imaginativo, creativo, soñador, pero dentro de esas tres cualidades hay una que no me deja explotarlas al 100%. La inconstancia es mi peor enemigo.  Me ha penado cada vez que he probado mantener un blog, pero siempre hay algo que me hace volver a intentarlo, así que acá estoy de nuevo. Una parte de mí quiere combatir esa inconstancia exponiendo en internet todas esas ideas que en la mayoría de las ocasiones quedan en el espacio sin ser desarrolladas, y lo haré de la mano de las cuatro cosas en la que mi alma ha encontrado refugio los últimos años: la música, la literatura, el cine y las series de televisión. Este blog nunca verá enfocado en sólo una de ellas; al contrario de eso, en más de un artículo se verán mezcladas algunas de ellas. Pongo en una licuadora estos cuatro elementos y dejo que mi cabeza emprenda el vuelo. Este es un nuevo reinicio.

 

 

 

 

 

 

 

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